domingo, enero 11, 2009

San Pablo nos enseña la libertad de pensamiento

Hoy os ofrezco extractos de una entrevista a Mn. Jordi Sánchez Bosch, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica, especialista en San Pablo y autor de varios libros sobre el apóstol.

Publicada en Catalunya Cristiana, 8 enero 2009, con motivo del Año Jubilar Paulino.

¿Por qué conocemos tan poco a Pablo?
—Es curioso, porque con todas las cartas que conservamos de Pablo aún no lo conocemos bien. Quizás tiene que ver con el hecho de que nos asusta un poco, porque pensamos que no lo entenderemos, porque Pablo no es sencillo. Para leer a Pablo hay que reflexionar, ya que dice muchas cosas en pocas palabras. Por tanto, hay que detenerse, leerlo con calma… y no estamos muy acostumbrados a leer despacio. Además, existen ciertos prejuicios alrededor de la figura de Pablo: que si era misógino, que tenía mal carácter… Yo creo que nada de esto es verdad.

¿En qué se basa?
—Me baso en el hecho de que en Pablo encontramos polémica, pero una polémica surgida en un momento crucial en que se juega el futuro de la Iglesia, el futuro de la redención. Pensemos en la carta a los gálatas, por ejemplo: si se hubiera impuesto la circuncisión en la Iglesia, el crecimiento del Cristianismo se habría frenado y se habría apartado a media humanidad. Pablo tuvo la lucidez de afirmar que un gentil, sin dejar de ser fiel a su cultura, puede seguir a Cristo, porque el seguimiento de Cristo es lo esencial. Por tanto, Pablo se enfada mucho cuando ve que sus tesis se ponen en duda. Esta actitud de Pablo no muestra una persona de mal genio, sino una persona que ante un problema importante se muestra firme. En la segunda carta a los corintios pasa algo parecido. Hay un ataque frontal al programa de Pablo y él tiene que poner las cosas claras. Pero, en cuanto al resto, si nos fijamos en sus cartas, vemos que Pablo era una persona afectuosa y amable, y que tenía amigos por todas partes…

¿Y el trato hacia las mujeres?
—Yo creo que este aspecto también se explica perfectamente si nos situamos en aquella época. El principio del marido como amo de la esposa se da en toda cultura: oriental, occidental, africana… y en Europa se ha mantenido también, al menos hasta el siglo XIX y parte del XX. Por tanto, en este sentido, Pablo es hijo de su tiempo. Ahora bien, Pablo matiza mucho este aspecto en puntos esenciales al hablar de la igualdad de la mujer (dice que “en Cristo Jesús no hay hombre ni mujer”) y al comparar al marido con Cristo, que lo dio todo por nosotros. Si seguimos sus cartas también veremos que menciona no a una, sino a muchas mujeres, y siempre de manera positiva. Es más, habla de ellas como colaboradoras, valorando su trabajo. Si fuera un misógino, no se molestaría en mencionarlas…

¿Nos cuesta entender a Pablo porque, en general, desconocemos el Antiguo Testamento?
—Es cierto que esto también influye. Por eso creo que no es bueno que en la catequesis de hoy olvidemos el Antiguo Testamento, porque contiene narraciones con claves y mensajes que Pablo utiliza. Si no tenemos esta base bíblica, nos resultará muy difícil comprender a Pablo.

¿Cómo podemos acercarnos a Pablo?
—En principio, no hemos de pretender leer una carta entera, de golpe, sino poco a poco. Segundo, leer también las notas que trae la Biblia, que nos ayudarán a comprender mejor los textos. Tercero, tener la humildad de reconocer que nunca lo entenderemos todo. Yo hace años que lo estudio… ¡y no lo entiendo todo! Pero conocer a Pablo no es imposible.

¿Qué nos dice Pablo, hoy?
—En primer lugar, nos dice que tiene que haber comunidades cristianas. En cierto modo, aún tenemos la idea de que vamos a la iglesia por nosotros mismos y nos sentamos detrás de todo, en la última fila, y no hablamos con nadie… ¡Y precisamente una de las novedades que aporta el Cristianismo es que los cristianos formamos una comunidad! Por un lado, Pablo nos recuerda esto. Y, por otro, nos dice que las cosas del mundo interesan a los cristianos. Todo lo que el mundo pueda tener de aprovechable hay que aprovecharlo e intentar colaborar con el mundo. Además, san Pablo tiene un sentido muy grande de la libertad. Hay que pensar las cosas muy bien, y él es un ejemplo. Reflexiona mucho sobre el legalismo y se pregunta para qué sirve la Ley, tal cual, sin espíritu. San Pablo nos enseña la libertad de pensamiento. Otra cosa que nos ilumina es su entrega. Él se entregó totalmente. Para el cristiano, es modelo de entrega hasta la muerte. San Pablo lo tenía clarísimo y, hoy día, hemos de aceptar que el “comodismo” no es lo más indicado para un cristianismo auténtico. Pienso que nuestra época no es tan diferente de la de Pablo y que podemos establecer paralelismos. Hay que tener el valor de confesar la fe frente a quienes no la tienen. Hoy día nos falta esto, porque hay gente que es creyente, pero se esconde. Nos avergüenza confesar la fe.

¿Hemos idealizado la figura de Pablo?
—Quizás sí hemos idealizado mucho a Pablo y nos resulta una figura difícil de imitar. De hecho, es una figura humana difícil de imitar porque solemos fijarnos en las cosas más difíciles de los santos, porque son las importantes. Pero no por eso hemos de pensar que son inaccesibles.

Entrevista realizada por Rosa María Jané Chueca.

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