viernes, febrero 24, 2006

Abigail

Tener el valor de afrontar las culpas de otros

La historia de Abigail forma parte de la azarosa vida del rey David. En una época en que David y su ejército campaban por el desierto de Maón, junto al monte Carmelo, éste pidió ayuda y provisiones a un rico hacendado, Nabal, cuyos rebaños pastaban en la región. El relato cuenta que los hombres de David habían respetado en todo momento a los pastores y a su ganado, sin causarles daño. En cambio Nabal, del que se dice era hombre ambicioso y necio, despidió a los enviados de David con cajas destempladas, despreciándolos y negándoles alimento alguno. La reacción de David no se hace esperar. Enfurecido, decide lanzar a sus guerreros contra Nabal y sus posesiones, dispuesto a exterminarlo a él y a toda su gente. Es entonces cuando interviene la esposa de Nabal, Abigail, a escondidas de su marido.

Abigail sale al encuentro de David y su tropa con una comitiva cargada de alimentos. La Biblia nos cuenta que era una mujer hermosa y que actuaba con prestancia. Su gesto y sus palabras consiguen aplacar la ira del futuro rey. David queda admirado ante la serena firmeza de Abigail, quien le ruega disculpe a su marido y le suplica que respete sus tierras y sus propiedades. Y así lo hace, en atención a esta mujer hospitalaria y valerosa. Años más tarde, Abigail se quedaría viuda y pasaría a ser una más de las esposas del rey David.

Como tantas historias bíblicas, hay en ésta muchos aspectos polémicos e interpretables de modos contradictorios. No podemos juzgar el relato con nuestros criterios y valores actuales. De Abigail, mujer que la Biblia ha distinguido como admirable, destacaría dos cualidades especialmente valiosas para las mujeres de hoy.

La hospitalidad

Dejando a parte el temor ante la amenaza de David y sus hombres armados, en Abigail encontramos una actitud diametralmente opuesta a la de su esposo. Nabal es el hombre rico, celoso de sus posesiones y desconfiado. No se apiada de los forasteros que le piden ayuda. Abigail actúa de modo diferente. No sólo responde a la amenaza de David, sino que se muestra generosa y espléndida. La suya es la actitud de la mujer acogedora y hospitalaria, compasiva ante los de afuera. Es la actitud tan propia de muchas mujeres que siempre están dispuestas a acoger y ayudar, sin temer perder nada de sus posesiones. Justamente por su generosidad, Abigail salva su hacienda y las pertenencias de su esposo.

Trasladando este gesto a un plano espiritual, Dios siempre responde con magnanimidad ante cualquier gesto desprendido y compasivo que mostramos hacia los demás. Su medida es el ciento por el uno. La generosidad nunca queda sin recompensa.

Saber asumir los errores ajenos

Este punto es más polémico. Abigail asume la culpa de su marido y su actitud reprobable. Consciente de ello, intenta paliarla y resarcir a los perjudicados por su desplante. Hoy muchos podríamos decir: ¿Por qué cargar con las culpas de otros? ¿No es algo contraproducente e insensato, cuando bastante tenemos con intentar liberarnos de las propias? Muchos psicólogos dirían que hemos vencer el constante sentimiento de culpa que nos oprime. ¿Cómo va a ser loable asumir los defectos de la otra persona? ¿No corremos el riesgo de convertirnos en víctimas y perder toda nuestra autoestima?

Abigail, en realidad, no nos llama a culpabilizarnos ni a caer en una neurosis. La suya es la actitud del que se responsabiliza de las personas que tiene a su cargo y que forman parte de su vida. No es víctima, sino responsable. Vemos que Abigail diverge radicalmente de su esposo: ella no comparte su forma de pensar ni de actuar. Pero no se desentiende de él ni de las consecuencias de sus actos, y toma medidas. Así ocurre con tantas madres, esposas, compañeras de trabajo, amigas… que, por pura lealtad y libremente, aceptan que trabajar y convivir con otros supone también asumir sus errores. Llegado el momento, tienen el coraje de recoger las equivocaciones de los demás, aceptarlas e intentar recomponer tantas situaciones rotas o tantos malentendidos. Abigail es mediadora y reconciliadora. Y en esto demuestra no sólo que es una buena persona, sino que sigue siendo leal a su esposo, aunque sea un cretino avaricioso.

Ser responsables y apoyar a los que están a nuestro alrededor, aunque se equivoquen, requiere una gran madurez humana. Y asumir sus errores con ellos, intentando compensar el daño causado, no debe confundirse con el victimismo o con las actitudes resignadas y mártires. Es, en realidad, un acto de valor y de profunda fidelidad. Las personas que practican esta virtud, como Abigail, saben hacerlo con elegancia y compostura, sin perder un ápice de su dignidad.

domingo, enero 29, 2006

Judith, ir de cabeza al problema

A la hora de sentarme a escribir sobre Judith, se me plantea todo un reto. ¿Qué nos puede decir a las mujeres de hoy una mujer judía, que vivió hace tres mil años, que se introdujo en medio de un campamento militar enemigo, sedujo a su capitán y, una vez en su tienda, le cortó la cabeza de un tajo, a sangre fría? La historia es tan sobrecogedora y brutal que Judith se nos aparece como un personaje mítico y lejano, con tintes heroicos, pero muy alejada de toda mentalidad civilizada que rechaza la violencia.

Pero Judith, pese al paso de los siglos y al cambio de mentalidad, sigue siendo un modelo de mujer fuerte y admirable para muchos. En un momento de desánimo del pueblo judío, acosado por sus enemigos y sin fuerzas para liberarse, una mujer, sola, en compañía de su sirvienta, reúne el valor y la audacia para atacar al enemigo. Y lo hará empleando sus armas más sibilinas: la astucia, las artimañas femeninas, el engaño y, finalmente, el golpe a traición. Su actuación es definitiva. Descabezado el enemigo, Israel reúne las fuerzas –físicas y morales –para combatir a sus adversarios y logra la victoria sobre ellos.

La mujer intrépida
Al menos dos cosas podemos aprender de esta mujer extraordinaria. En primer lugar, su intrepidez. Judith es una mujer intrépida –palabra cuyo significado es que no tiembla. No se tambalea ni vacila ante el peligro, pues sabe que su misión y la salvación de los suyos están ante todo. Así defienden las madres a sus hijos y a su familia, a uñas y dientes. Así las personas coherentes con sus valores defienden lo que más aman. Aunque todo el mundo las abandone, ellas cuentan con su fuerza interior –en este caso, la fe en Dios –que las hace enfrentarse a cualquier peligro. Judith no espera el apoyo de los suyos. Pero traza sus planes cuidadosamente, tampoco es una insensata. Prepara su ataque y cuida cada detalle para asegurar, al máximo, el éxito en su sangrienta misión. Por tanto, Judith es una luchadora, llena de coraje pero también reflexiva. Actúa movida por el corazón, pero utilizando la cabeza.

Ir a la raíz del problema
La segunda cosa que podríamos tomar como lección no es, por supuesto, el hecho de asesinar cruelmente a un enemigo. La vida de cualquier persona es sagrada y jamás la consecución de nuestras metas debería suponer la muerte o la desgracia de nadie. Pero, haciendo una lectura simbólica del gesto de Judith, vemos en ella a la mujer que va directa al problema y lo ataca de cabeza. Como reza el dicho popular, “ataca al toro por los cuernos”. Judith nos enseña a mirar cara a cara los problemas que nos embisten cada día y que, muchas veces, como al pueblo de Israel, nos abruman y nos deprimen. Nos encogemos ante ellos y preferimos vivir aplastados bajo las dificultades. Judith no teme contemplar al enemigo a los ojos. Sabe discernir la situación con lucidez y se decide a atajar el mal de raíz, de forma contundente y definitiva. Ante un problema o dificultad, esa es una manera sabia de actuar. Se trata de saber verlo con claridad, sin temor, estudiarlo con detenimiento y planear con fría serenidad la manera de resolverlo definitivamente, aunque a veces la mejor solución no siempre es la más cómoda y fácil.

Hoy día, muchas personas vivimos en un estado de relativo bienestar y comodidad que aletarga nuestra capacidad de reacción y nuestra inteligencia natural. Cualquier dificultad o problema añadido a la complejidad diaria de nuestra vida nos hunde y nos desconcierta. Judith es un revulsivo que nos hace reaccionar. Su ejemplo nos puede impulsar a encarar los retos que nos presenta la vida con decisión y sin vacilar, para resolverlos de la mejor manera posible.

sábado, enero 14, 2006

Ana, o la maternidad generosa

Ana, la madre de Samuel, uno de los grandes profetas de la Biblia, es un personaje discreto cuya historia refleja la de otras muchas mujeres: las madres que consagraron a sus hijos a Dios.

La mujer estéril que se torna fértil

La historia de Ana es común a otros personajes bíblicos. Como Isabel, la madre de Juan Bautista, o la madre de Sansón, Ana era estéril y veía con desesperanza el transcurrir de los años sin experimentar el gozo de la maternidad.

Ana pone su angustia y su deseo en manos de Dios. Y él la escucha. Jamás Dios hizo oídos sordos a una súplica sincera. Pero Ana añade algo más: si tiene un hijo, lo consagrará al mismo Dios que se lo ha dado. Esta mujer sabe que, por encima de la paternidad biológica, existe otra paternidad mucho mayor, la del Dios que otorga la vida.

Ana engendra un niño, Samuel, que con los años será el profeta y consejero del rey David. Ella lo cría durante sus primeros años pero no olvida su promesa y, cuando tiene una edad suficiente, lo lleva al templo, donde lo deja al cuidado del sacerdote Helí, quien educará al niño hasta su adultez. Durante los años de crecimiento del niño, Ana no dejará de velar por su hijo, visitándolo y enviándole ropa. Pero lo hará discretamente, sin interferir en su formación como futuro sacerdote y profeta de su pueblo.

El magníficat de Ana

Ana no sólo tuvo un hijo. Después de Samuel vendrían otros cinco hijos, con lo cual su maternidad se vio colmada. Después de concebir a Samuel, la madre que era estéril eleva un cántico alborozado a Dios, que recuerda vivamente el Magníficat de María ante su prima Isabel:

Mi corazón salta de gozo en el Señor y mi frente se eleva a Dios...
Nadie es santo, como lo es el Señor: Nno hay otro fuera de ti, nadie es fuerte como tú.
No multipliquéis vuestras palabras altaneras, la arrogancia no salga más de vuestra boca.
El arco de los fuertes se ha quebrado y los flacos han sido revestidos de vigor.
El Señor empobrece y enriquece, levanta del polvo al mendigo y del estiércol ensalza al pobre, para que se siente entre los príncipes y ocupe un trono de gloria...


Así, Ana reconoce a un Dios magnánimo que ejerce justicia y es capaz de elevar al ser más pobre –no sólo pobre físicamente, sino al abatido, al humillado y al que se siente nada entre el polvo. Es decir, Dios enaltece y dignifica a todo ser humano, incluso a los que se sienten pequeños y a los que el mundo margina y considera inferiores –como muchas veces ha sucedido con la mujer. Dios enaltece a la mujer estéril, que en aquellos tiempos equivalía a ser despreciada como algo inútil.

Gratitud y desprendimiento

Pero Ana no se aferra al hijo que tanto deseaba. No lo retiene junto a sí ni lo considera una posesión suya. En su gesto desprendido y generoso brilla su madurez espiritual: sabe que lo ha recibido como un regalo, y así lo ofrece ella, como un don a su Dios. Ana sabe que su hijo no le pertenece. Cuántas madres dejarían de sufrir en vano si fueran conscientes de lo que Ana supo ver con tanta lucidez. Los hijos no son sólo de los padres. Son del mundo, de la vida, de Dios. Y Ana ofrece a su hijo a Dios para que cumpla su papel en el mundo.

Los sentimientos pueden ser de dulce añoranza, pero una madre adulta sabe aceptar que su nido se vacía y se alegra cuando ve volar a sus hijos, con fuerza y decisión. La auténtica maternidad es aquella que, después de volcar todo su amor en los hijos, los sabe entregar al mundo, soltándolos para que vuelen en libertad.

domingo, enero 01, 2006

El canto de Débora

La historia de Débora forma parte del Libro de los Jueces de la Biblia. Se trata de un relato que puede sorprender e incluso provocarnos rechazo por su belicismo y violencia, pero cuyo cántico final, de un encendido lirismo épico, tiene también un hondo significado místico.

Una mujer líder

Débora, siendo mujer en una cultura patriarcal donde las mujeres solían estar sometidas a la voluntad de los varones, llegó a ser juez de Israel. Era una persona extraordinaria que se sentaba a la sombra de una encina e impartía justicia a su pueblo. Todos, desde los campesinos hasta los guerreros, pedían su consejo y escuchaban sus palabras. Es uno de esos claros ejemplos de mujeres fuertes que la Biblia elogia y destaca por su fe inquebrantable y por su defensa del pueblo.

Israel vive tiempos difíciles, sometido a la tiranía del rey cananeo Jabín, y Débora encomienda a Barak que reúna un gran ejército entre las tribus de Israel y le haga frente, confiando en que Dios les dará la victoria. Barak duda y pide que ella le acompañe, a lo cual ésta accede. Una vez más, es la fe de una mujer quien arrastra a los hombres de su pueblo. Ella advierte a Barak que será por manos de una mujer, y no de él, por quien perecerá finalmente su enemigo.

Barak y su ejército se enfrentan al general Sísara, cabeza del ejército cananeo, al que derrotan estrepitosamente. Es entonces cuando el pueblo entona el llamado Canto de Débora, ensalzando la fe de sus líderes y el poder de Dios que defiende a sus hijos.

Sean los que te aman como el sol...

Dejando aparte todas las connotaciones políticas, bélicas y culturales de este cántico, quisiera destacar en él dos aspectos. El primero, el valor de una mujer que guía a su pueblo hacia la liberación del enemigo. Hoy, en medio de un mundo complejo y globalizado, vemos que en aquellos países donde la humanidad sufre más es la mujer quien encabeza las iniciativas que, poco a poco, podrán mejorar la vida de sus congéneres. Son las mujeres quienes en muchos lugares siembran gérmenes de esperanza, con su trabajo constante y grandes dosis de coraje y de amor. Débora es el paradigma de la mujer dirigente que vela por su gente. Es una imagen de la maternidad intrépida que no retrocede ante nadie.

El otro rasgo que quisiera destacar es su penúltima frase, que encuentro bellísima y capaz de infundir un gran valor y optimismo: “Sean los que te aman, Señor, como el Sol cuando nace con toda su fuerza”. Así son los que aman a Dios, porque corresponden al amor, mucho más inmenso, de Dios. Los amigos de Dios brillan con la fuerza del sol naciente, porque en ellos arde la certeza de sentirse amados por Aquel que nunca falla y cuyo amor puede colmar todas las expectativas y deseos.

lunes, diciembre 19, 2005

La esposa del Cantar de los Cantares

Pocos libros hay en la Biblia tan hermosos, tan controvertidos y que hayan recibido tantas interpretaciones como el Cantar de los Cantares. Este poema, que rezuma pasión humana y al mismo tiempo se eleva hacia altas cotas de misticismo, ha sido motivo de cientos de libros, comentarios y nuevas poesías, como las inolvidables de San Juan de la Cruz.

Hoy quisiera detenerme en la mujer, la esposa del Cantar de los Cantares, la protagonista femenina de este extraordinario poema que, como flor bellísima, brota entre las páginas de la Biblia.

Creo que todas las mujeres deberíamos leer este libro, saboreando sus palabras y recordando, al tiempo que las leemos, que hay alguien que nos está amando de esta forma singular. Pongámonos en el lugar de la esposa y consideremos que el esposo es Dios. La esposa del Cantar es la viva imagen de la mujer amada. El amor, humano y físico, que se desgrana con lirismo en los versos, es un amor real y es, a la vez, eco y sombra del amor, inmenso y puro, de Dios hacia sus criaturas. Si un ser humano es capaz de amar así, ¿cuánto mayor no será el amor de Dios, que es el mismo Amor?

En el Cantar se nos desvela una dinámica muy propia del ser humano: ese juego amoroso de búsqueda y encuentro, que también se da entre la persona y Dios. En el caso de las mujeres, creo que expresa de manera insuperable la manera en que Dios ama a la mujer y la cualidad de su amor.

En este amor, es Dios –el amante -quien acude primero a su amada, la busca, la recoge, la ensalza y la colma de dones. “¡Levántate ya, amada mía, hermosa mía, y ven!... Paloma mía que anidas en las hendiduras de las rocas, en las grietas de las peñas escarpadas, dame a ver tu rostro, hazme oír tu voz. Que tu voz es dulce y encantador tu rostro”. Este fragmento resulta tremendamente conmovedor. Es Dios quien viene a buscarnos, hundidas en la oscuridad, perdidas en los abismos de la tristeza y la soledad. Y es él quien nos suplica que le hablemos y le volvamos el rostro.

La amada, a los ojos del amante, siempre es hermosa y perfecta. Así somos todas las mujeres a los ojos de Dios, un Dios enamorado de su criatura. “¿Quién es esta que se levanta como la aurora, hermosa cual la luna, resplandeciente como el sol…?” "Aparta ya de mí tus ojos, que me fascinan…”

El mismo Dios, que es fuente del amor, suplica una respuesta. Este es el Dios personal que se desvela, poéticamente, en el Cantar: un Dios que, pudiendo prescindir de ella, necesita y desea el amor de su criatura. “Ponme como un sello sobre tu corazón, ponme en tu brazo como sello. Que es fuerte el amor como la muerte y son duros los celos… Son sus dardos saetas encendidas, son llamas de Yahvé”.

Decía Pablo Neruda en uno de sus poemas: “Quisiera hacer contigo lo que la primavera hace con las flores”. Así es como Dios actúa en nosotros. Esto es lo que Dios puede hacer en la mujer que se deja invadir por su amor. Dios hace florecer a las personas que ama y que se dejan amar por él. En la Biblia, no será hasta llegar al Nuevo Testamento cuando encontraremos una figura similar a la de la esposa del Cantar de los Cantares. Es María, inundada del amor de Dios, mientras entona su Magníficat.

sábado, diciembre 10, 2005

Ruth o la fidelidad recompensada

La historia de Ruth y Noemí llena uno de los libros más breves y bellos de la Biblia. Ambas son ensalzadas como modelo de suegra y nuera. Mucho se ha escrito sobre Ruth como ejemplo de mujer fiel a su marido y a la familia de éste, hasta el punto de abandonar su tierra, su cultura y sus dioses para adoptar los de su esposo, aún después de muerto. La Iglesia llegó a llamar a Ruth “la tercera María” (después de María la madre de Jesús y María Magdalena).

Fidelidad

Pero, dejando aparte las interpretaciones teológicas de la figura de Ruth, quisiera resaltar en esta historia dos aspectos. El primero es la fidelidad entre dos mujeres, que la vida ha unido a través del matrimonio de uno de los hijos de Noemí con Ruth. Aunque este hijo ha muerto, el vínculo entre ambas continua, y Ruth no renuncia a él. Cuando Noemí decide regresar a su tierra, Ruth la acompaña, siguiéndola como seguiría a su marido. Así como la otra nuera, Orfa, también viuda de su otro hijo, se queda con su familia, Ruth no teme afrontar lo desconocido por acompañar a su suegra. Orfa se ata al pasado y a la muerte. Ruth opta por mirar hacia delante y no romper los lazos que la unen a Noemí y a la familia de su esposo.

Responsabilidad

El otro aspecto es la responsabilidad por el ser amado. Para Ruth, la madre de su esposo es como su propia madre y no renuncia a su responsabilidad sobre ella. A lo largo de la historia vemos en Ruth a una mujer generosa, que cuida de Noemí, preocupándose por su bienestar y trayéndole el sustento.

Pero Noemí también se hace responsable de Ruth y vela por su porvenir. Es ella quien trama el futuro matrimonio de Ruth con su pariente Booz. Su nuera ha sabido serle fiel; ella también procurará su felicidad. Así es como Ruth, que ha renunciado a su familia de sangre, a su tierra y a sus creencias, es acogida en una nueva patria, recibe una nueva familia y un nuevo esposo. Las palabras de Noemí a su nuera son muy hermosas: “Hija mía, yo voy a procurarte descanso y a ocuparme de tu felicidad”.

La historia de Ruth es un relato del amor y de la abnegación recompensados. Nos muestra cómo todo sacrificio hecho por amor, toda renuncia asumida por fidelidad, no deja de tener su recompensa. Y ésta es siempre mucho mayor.

Confianza

El libro de Ruth también es un canto a la confianza. Las dos mujeres confían una en la otra. Noemí confía su ancianidad y su vida en manos de Ruth, y recibe un gran consuelo de su nuera, “la cual te ama y es para ti mejor que si tuvieras siete hijos”, le dicen sus parientes. Ruth confía también en Noemí y sigue sus consejos e instrucciones. Así es como rehace su vida, se desposa con un hombre bueno y tiene un hijo. Porque no temió perderlo todo, por fidelidad a la madre de su esposo, Ruth alcanza de nuevo una vida plena y dichosa. Confiar nuestra felicidad en manos de quien sabemos nos ama es tal vez una de las experiencias más hermosas de abandono y de dicha colmada.

domingo, noviembre 20, 2005

Ester, o la ternura inteligente

La figura de Ester protagoniza uno de los libros más apasionantes de la Biblia. No es de extrañar que haya inspirado diversas novelas y películas cinematográficas. Ester es la mujer que, en medio de circunstancias adversas, llega a ser reina de un gran imperio y, capeando las intrigas cortesanas, logra salvar a su pueblo del genocidio.

Invito a los lectores de este blog a leer el Libro de Ester. La reflexión que me sugiere para la mujer de hoy es la del contraste entre la rebeldía temeraria y la ternura inteligente.

En el relato de Ester encontramos dos figuras femeninas diferentes: Vasti y Ester. La primera, Vasti, es la reina de Persia, esposa del rey Asuero. Durante un banquete, Vasti, en un gesto de orgullo y de comprensible dignidad ofendida, se niega a exhibir su belleza ante los invitados de su marido. Enfurecido, el rey la repudia, ordena expulsarla de la corte y busca nueva esposa entre las jóvenes del reino, al tiempo que promulga una ley para someter a las esposas a sus maridos. Ester es una de las muchas doncellas que son apartadas forzosamente de su familia para ser presentadas ante el rey. Es educada y preparada para ser una perfecta amante y esposa y, finalmente, su encanto seduce al rey Asuero, quien la toma por esposa, convirtiéndola en reina de Persia. Ella oculta prudentemente, durante un tiempo, su origen judío, pero no pierde el contacto con su pueblo, a través de su tío y padre adoptivo, Mardoqueo. A lo largo del libro se nos desvelan las intrigas del ambicioso Amán, que llega a convertirse en el hombre fuerte de Asuero, y que decide ordenar la persecución y exterminio de los judíos de todo el imperio, con el fin de incautar todos sus bienes y apoderarse de sus riquezas. Ester interviene con sutil habilidad y, ayudada por diversas circunstancias que aprovechan con astucia tanto ella como su tío Mardoqueo, persuade al rey para cambie de parecer. Finalmente, Amán cae en desgracia y Ester consigue que los judíos sean protegidos y respetados en todo el reino. Persia alcanza un período de gran esplendor y su tío Mardoqueo llega a convertirse en uno de los principales ministros del rey.

Para la mentalidad de las mujeres de hoy, esta historia puede parecernos indignante. La actitud de Vasti, negándose a ser tratada como una mujer objeto, resulta mucho más cercana a nuestra sensibilidad que la conducta de Ester, dócil y sumisa a un esposo autoritario y caprichoso, a quien permanece fiel. Tal vez nos subleva ver cómo Ester emplea sabiamente sus artes femeninas para conseguir sus objetivos… Y, sin embargo, el relato nos muestra cuán estéril es la rebeldía de Vasti y, en cambio, cuántas vidas logra salvar la dulce diplomacia de Ester.

Ester tiene mucho que decirnos a las mujeres contemporáneas. En un mundo sacudido por la violencia, dominado por poderes que provocan y permiten situaciones de flagrante injusticia, Ester nos muestra la fuerza de la ternura frente a la inutilidad del enfrentamiento agresivo. Como reza un sabio refrán, más vale aliarse al enemigo que luchar contra él. Ante una persona que consideramos injusta, o cuya manera de pensar y hacer es diametralmente opuesta a la nuestra, el enfrentamiento es infructuoso, y sólo puede generar más violencia. Sólo cuando seamos capaces de escuchar y respetar al otro, creyéndole capaz de albergar bondad en su interior –porque todo el mundo lo es –esa persona percibirá nuestro respeto y puede comenzar a cambiar. El mismo Jesús de Nazaret lo mostró en su vida muchos años más tarde. Jesús no se detuvo a criticar a los recaudadores de impuestos; se sentó a la mesa con ellos. Así fue como Zaqueo, el publicano odiado por sus conciudadanos, a quienes estafaba, sintiéndose honrado por Jesús, decidió, por iniciativa propia, devolver lo robado y comenzar a trabajar honestamente.

La historia de Ester revela que sólo el amor y la consideración pueden dignificar y cambiar a las personas. Con su ternura inteligente y su paciencia lúcida, consiguió lo que no podría lograr un gran ejército. La fuerza del amor es más poderosa que todas las armas del mundo.

domingo, noviembre 06, 2005

El gozo de la mujer que confía


"El Espíritu Santo es el gozo de Dios que se transmite a la humanidad"
Eloy Bueno de la Fuente, teólogo.

Hoy quiero detenerme en la figura de una mujer bíblica: Miriam, la hermana de Moisés. Apenas aparece en dos o tres breves pasajes del Exodo, pero vislumbramos en ellos a una mujer fuerte y animosa, llena de fe.

Miriam es la jovencita que, de acuerdo con su madre, y para salvar la vida de su hermano recién nacido, arroja la canastilla con el bebé en las aguas. Es la niña que, vigilante, observa cómo el niño es recogido por la hija del faraón y le ofrece buscarle una nodriza, su propia madre. Años más tarde, cuando Moisés emprende la misión de sacar a su pueblo de Egipto, vemos a Miriam como "la profetisa, hermana de Aarón". En una de las escenas más bellas del Antiguo Testamento, leemos que Miriam, tomando un pandero, sale a cantar y a danzar la gloria de su Dios, que los ha rescatado de las aguas del mar Rojo y de la furia del faraón. Tras de ella, todas las mujeres del pueblo salen, bailando y tocando instrumentos.

Miriam personifica el gozo de la mujer que ha confiado en Dios y ha sido escuchada. Su alegría es exultante, y se expresa en forma de cánticos y danzas. Arrastra a las demás mujeres. Vemos en ella a la mujer líder que entusiasma a sus compañeras, movida por el júbilo de un Dios que la colma.

Pero Miriam no sólo ha confiado en su Señor. Desde muy joven, también ha puesto los medios para que éste actúe. No ha permanecido pasiva. Ha acompañado a su hermano Moisés desde su nacimiento, y también a su otro hermano, Aarón, en su liderazgo como portavoz y sacerdote de su pueblo. Es llamada "profetisa". Comparte con ellos el don de transmitir un mensaje de Dios a su gente. Y, aunque en el relato bíblico apenas vuelve a ser mencionada, podemos intuir que su trayectoria va íntimamente ligada a la de los hombres que dirigían el pueblo de Israel en su camino hacia la liberación.

Miriam la hermana de Moisés es un espejo para la mujer cristiana de hoy. Fiel y constante, audaz y valerosa, ha sabido proteger la vida de sus hermanos y acompañarlos en su misión. Y, con ellos, puede cantar con el gozo desbordante de quienes lo han arriesgado todo por el amor de Dios y no han sido defraudados.

domingo, octubre 30, 2005

La mujer y la nueva evangelización. El arte de escuchar


En medio de una sociedad que vive cada vez más de espaldas al hecho religioso, el cristianismo sigue conservando vivo su mensaje y tiene algo que decir a nuestro mundo de hoy. Muchas personas desconocen en gran medida la fe o la rechazan por prejuicios. En estas circunstancias, cuando el mundo ignora o rechaza el hecho cristiano, ¿cómo evangelizar? ¿Cómo llevar esperanza a un mundo convulso? ¿Cómo transmitir un mensaje que muchos no quieren escuchar? ¿Cuál es el papel de la mujer cristiana en la nueva evangelización?
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domingo, octubre 16, 2005

Más sobre la caridad


Escuchando una entrevista a dos Hijas de la Caridad, por el programa de TV 2 "Últimas preguntas", recojo palabras bellísimas que estas dos religiosas pronuncian sobre la auténtica caridad y su significado. La caridad, tan desvirtuada y confundida con asistencialismo o con otras formas de voluntarismo a veces un tanto egoísta, es, en realidad, el amor.

Dar caridad es hacer que la otra persona se sienta valiosa, única y digna de ser amada, por lo que es y tal como es, y no por lo que hace o tiene. La caridad nunca hace de la otra persona un objeto. El otro, sea cual sea su situación, no es una cosa a la que yo debo cambiar. La caridad dignifica al ser humano. Hace al otro sentirse amado. Quien ejerce la caridad está transmitiendo, a través suyo, el amor inmenso de Dios hacia la persona.

Se pueden hacer muchas cosas y emprender muchas actividades solidarias. La diferencia entre solidaridad y caridad es trascendental: en la caridad Dios está presente. Y Dios es amor. Cuando el amor impregna la acción solidaria estamos hablando de caridad.

domingo, octubre 09, 2005

Caridad y solidaridad, ¿otro debate?


En mi artículo anterior hablé sobre el debate que se da en el mundo de la solidaridad entre los conceptos de “integración” y “beneficencia”. Esta vez quisiera reflexionar sobre otro debate, no menos animado que el primero. Se trata de la discusión acerca de la caridad y la solidaridad. Continúa

domingo, septiembre 25, 2005

¿Beneficencia o integración? Un debate sobre solidaridad.

Desde hace tiempo, las organizaciones humanitarias sostienen un debate muy animado, que trae consigo importantes implicaciones sociales. ¿Hasta qué punto debemos ayudar a los más desfavorecidos? ¿Hasta dónde llega la beneficencia y dónde comienza el camino de la integración social? ¿Acaso con nuestra actuación estamos perpetuando situaciones de pobreza, en lugar de paliarlas? ¿Cómo llevar a cabo una acción de auténtica integración social?
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miércoles, septiembre 07, 2005


Se puede alcanzar prosperidad por la creacion, no por la competencia.
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sábado, septiembre 03, 2005

Más allá de ver, juzgar y actuar: una nueva propuesta -2-

Después de la reflexión anterior, se podría proponer una metodología alternativa al ver, juzgar y actuar. Es la siguiente: escuchar, aceptar, amar.
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domingo, agosto 14, 2005

Más allá del ver, juzgar y actuar -1-

Ver, juzgar, actuar. Esta es la metodología de la revisión de vida empleada en muchos grupos y movimientos eclesiales en la actualidad. Es una forma de evaluar nuestra manera de vivir y estar en el mundo.

Si profundizamos en la dimensión teológica de la pedagogía cristiana, esta dinámica del ver, juzgar y actuar puede ser superada e incluso cuestionada, y se pueden buscar fórmulas con raíces cristianas más hondas.

Podemos ir más allá del ver, juzgar y actuar tomando las palabras de Jesús y el mismo Evangelio como guía en nuestra trayectoria espiritual.
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domingo, agosto 07, 2005

La virtud de la fortaleza

La tradición cristiana nos habla de cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, a modo de brújulas que orientan nuestra existencia y nuestra forma de actuar. Esta vez reflexionaré sobre la virtud de la fortaleza, cómo cultivarla y cuáles son sus raíces auténticas.
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domingo, julio 31, 2005

La virtud del espacio

Los seres humanos somos espaciales. El espacio es el otro gran don de Dios, junto con el tiempo, que hemos recibido. Nuestro cuerpo ocupa un lugar. Necesitamos un espacio vital, vivimos en un lugar concreto y nos movemos en él. Todos necesitamos un lugar para estar, para vivir, un espacio que consideramos nuestro hogar, nuestro pueblo, nuestra tierra. El espacio configura nuestra realidad física. La virtud del espacio consiste en saber convertir el entorno que nos rodea en un espacio de bienestar. Para ello tenemos al mejor maestro, el mismo Dios. Sigue

sábado, julio 16, 2005

¿Hablando se entiende la gente?

Hablando se entiende la gente. En medio de un clima político y social muy agitado, esta frase resuena continuamente y se toma como referencia y remedio a todos los males de intolerancia, obcecación y agresividad que aquejan a nuestra sociedad. Si por hablar entendemos un diálogo a dos partes, creo que la frase es muy acertada. Pero tengo la impresión de que esto no es así en la realidad. La gente habla, discute, se manifiesta, denuncia, proclama, protesta... Todo el mundo habla y se expresa, y nadie se entiende. Sigue

sábado, junio 18, 2005

¿Amor para siempre?

Estamos culminando la primavera, y el amor es un tema que llena la calle, la publicidad y hasta las páginas de los periódicos. ¿Existe el amor eterno? Muchos niegan que sea así. Incluso los estudios científicos sugieren que el amor apasionado del enamoramiento y de los recién casados es caduco, y que dura como mucho entre dos y cuatro años, antes de caer en la rutina. ¿Puede durar el amor para siempre? Sigue

domingo, junio 12, 2005

Liberalismo extremo

El extremo del liberalismo no es tanto el tráfico de capital y de productos, sino el uso y consideración de los seres humanos como simples objetos de consumo o bienes de los cuales podemos disponer a nuestro arbitrio.
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