domingo, octubre 19, 2008

Él os ha elegido

Comentario a la Primera Carta a los Tesalonicenses. (1 Ts 1, 1-5b )

Bien sabemos, hermanos amados en Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Este breve párrafo de San Pablo a los tesalonicenses, ¡contiene tantas verdades!

La primera cosa en la que podemos fijarnos es ésta: Dios los ha elegido. Sí, es Dios quien elige, no el ser humano. El primer paso siempre lo da él. El cristianismo es la religión del Dios que “desciende” hacia su criatura. Antes que el hombre se pregunte por la existencia de Dios y anhele la unión con él, éste se anticipa a salir a su encuentro. También podemos decir que nos ha escogido a nosotros, los cristianos de hoy. Pero podemos preguntarnos: ¿por qué Dios escoge a unos y no a otros? ¿No es acaso discriminar?

Hay que entender esta elección no como un filtro discriminatorio, sino como consecuencia de una llamada. Como dice el evangelio, “muchos son los llamados y pocos los escogidos”. ¿Por qué? Porque Dios llama a muchos. De hecho, llama a todos. Pero no todos están dispuestos a escuchar su voz.

Esta comunidad, que ha acogido la palabra de Dios a través de Pablo, su apóstol, es, por tanto, “escogida”. Y ahora pasamos a la siguiente frase, crucial: “no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda”.

Para acoger la llamada de Dios no bastan las palabras. No es suficiente una buena prédica para convertir y operar un cambio en la vida de las personas. Hace falta algo más. Por un lado, el mismo Espíritu Santo inspira a los apóstoles que transmiten su palabra y toca el corazón de quienes escuchan. Quien evangeliza ha de llevar el Espíritu dentro, su fe ha de ser auténtica y encarnada en su vida. Y, por otra parte, está la actitud de los oyentes. Ese fuego de Dios es un don, que prende en las almas preparadas, dispuestas. Quienes creen y se convierten es porque ya tienen una sed de Dios, que los impulsa a abrirse a su llamada. Su fe no es ingenua ni ilusoria, sino “convicción profunda”.

2 comentarios:

Martín dijo...

Hola, Montse

Soy Martín... Estamos en el foro de Mi Literaturas. Estaba buscando en la Red referencias de tu libro Estirpe Salvaje. Y de pura casualidad arribé a este blog tuyo y reconocí tu rostro… Esta es una faceta tuya muy hermosa que desconocía…

Aunque el blog dice que es de espiritualidad femenina, así que como soy un intruso en un espacio para damas, me despido…

Sin embargo, imagino, estos textos tuyos se orientan a todos los interesados… Yo por lo pronto ya leí este post… Y una de las conclusiones a la que llego es la siguiente: ya de por sí es un don o un primer paso el siquiera saber que se tiene sed, algo que es mucho mejor que tener sed y ni siquiera saberlo…

Saludos

Montse de Paz dijo...

Martín, qué sorpresa. Gracias por dejar tu comentario. Sí, el blog está abierto a todos pese a su título. Durante una temporada publiqué una serie de escritos sobre las mujeres de la Biblia y la espiritualidad femenina (que recojo en el libro Mujeres de Dios), y ya se quedó así.

Es muy cierto lo que dices: el primer paso es ser consciente de que tienes sed. Aunque la sed hace sufrir, te espolea a buscar la fuente.

Saludos,

Montse