domingo, enero 01, 2006

El canto de Débora

La historia de Débora forma parte del Libro de los Jueces de la Biblia. Se trata de un relato que puede sorprender e incluso provocarnos rechazo por su belicismo y violencia, pero cuyo cántico final, de un encendido lirismo épico, tiene también un hondo significado místico.

Una mujer líder

Débora, siendo mujer en una cultura patriarcal donde las mujeres solían estar sometidas a la voluntad de los varones, llegó a ser juez de Israel. Era una persona extraordinaria que se sentaba a la sombra de una encina e impartía justicia a su pueblo. Todos, desde los campesinos hasta los guerreros, pedían su consejo y escuchaban sus palabras. Es uno de esos claros ejemplos de mujeres fuertes que la Biblia elogia y destaca por su fe inquebrantable y por su defensa del pueblo.

Israel vive tiempos difíciles, sometido a la tiranía del rey cananeo Jabín, y Débora encomienda a Barak que reúna un gran ejército entre las tribus de Israel y le haga frente, confiando en que Dios les dará la victoria. Barak duda y pide que ella le acompañe, a lo cual ésta accede. Una vez más, es la fe de una mujer quien arrastra a los hombres de su pueblo. Ella advierte a Barak que será por manos de una mujer, y no de él, por quien perecerá finalmente su enemigo.

Barak y su ejército se enfrentan al general Sísara, cabeza del ejército cananeo, al que derrotan estrepitosamente. Es entonces cuando el pueblo entona el llamado Canto de Débora, ensalzando la fe de sus líderes y el poder de Dios que defiende a sus hijos.

Sean los que te aman como el sol...

Dejando aparte todas las connotaciones políticas, bélicas y culturales de este cántico, quisiera destacar en él dos aspectos. El primero, el valor de una mujer que guía a su pueblo hacia la liberación del enemigo. Hoy, en medio de un mundo complejo y globalizado, vemos que en aquellos países donde la humanidad sufre más es la mujer quien encabeza las iniciativas que, poco a poco, podrán mejorar la vida de sus congéneres. Son las mujeres quienes en muchos lugares siembran gérmenes de esperanza, con su trabajo constante y grandes dosis de coraje y de amor. Débora es el paradigma de la mujer dirigente que vela por su gente. Es una imagen de la maternidad intrépida que no retrocede ante nadie.

El otro rasgo que quisiera destacar es su penúltima frase, que encuentro bellísima y capaz de infundir un gran valor y optimismo: “Sean los que te aman, Señor, como el Sol cuando nace con toda su fuerza”. Así son los que aman a Dios, porque corresponden al amor, mucho más inmenso, de Dios. Los amigos de Dios brillan con la fuerza del sol naciente, porque en ellos arde la certeza de sentirse amados por Aquel que nunca falla y cuyo amor puede colmar todas las expectativas y deseos.